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¿Qué fases atravesamos cuando un familiar muere o enferma de cáncer?

15/01/2020 · Otras especialidades

En nuestra consulta de psicología en Vigo frecuentemente recibimos pacientes afectados por el diagnóstico de cáncer (ya sea propio o de un familiar) o bien por el fallecimiento de un ser querido. Y puede que este no sea el motivo aparente de consulta, pero directa o indirectamente está afectando ya sea en el contexto de una Terapia de Pareja, de un Trastorno de la Conducta Alimentaria o en una Terapia para Adolescentes. Esto sucede porque muchas veces son fases de las que no somos plenamente conscientes pero que pueden verse manifestadas en otros problemas.

Cuando se recibe la noticia de que un familiar tiene cáncer (o uno mismo/a), aparecen lo que en términos de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross son las fases psicológicas del duelo, tanto para pacientes enfermos de cáncer como para familiares o cuidadores primarios.

Todas estas fases son adaptativas y tienen un significado psicológico, eso sí, deberán durar un tiempo limitado, de lo contrario la sintomatología podría enquistarse y el duelo no se resolvería. Son todas ellas fases que permitirán a la persona comprender lo que ha pasado y adaptarse a la situación mediante mecanismos de defensa. Los mecanismos de defensa lo que nos permiten es que el dolor no sea tan intenso desde el inicio, sería como pulsar un botón de “pausa” durante un tiempo (para prepararse).

No siempre se atraviesan en el mismo orden o de manera secuencial. Sino que el sujeto podría estar experimentando unas fases u otras de manera arbitraria o, incluso, no atravesarlas todas. Desde Adamia Psicología, valiéndonos de diferentes artículos, las sintetizamos de la siguiente manera:

Negación: “esto no ha sucedido”, el sujeto no quiere hablar del tema, se convierte en un tema tabú o habla como si lo sucedido no hubiera tenido lugar. Esta fase cumple una función amortiguadora, es como un mecanismo protector ante una noticia que la persona no es capaz de asimilar. A través de la negación, el choque con la realidad no es tan brusco. Pero no puede ser indefinida porque estaríamos negando algo real y podría derivar en la no implicación con la enfermedad, en la no búsqueda de la ayuda profesional pertinente o en la no adherencia al tratamiento.

Ira: “es injusto”, percepción de injusticia ante lo sucedido, frustración (¿y si...?) y búsqueda de culpables. Suele proyectarse hacia familiares muy cercanos o hacia uno mismo.

Negociación: “ahora que estoy enfermo/a, voy a aprovechar para dejar de fumar, llevar una vida más sana, viajar, abrir el negocio que siempre soñé…”, es como un pacto con la enfermedad. Consiste en convertir toda la fuerza negativa del momento en energía que permita cumplir sueños o proyectos en el futuro cercano. Se puede ver tanto en el propio enfermo como en familiares.

Depresión: no como trastorno mental, sino como conjunto de síntomas, liderados por una fuerte tristeza. Esta fase consiste en poner los pies en la tierra y darse cuenta de que esa persona ya no está o ya no estará (o no de la misma manera), y que habrá que seguir en su ausencia. El paciente ya está volviendo a su presente. Aquí aparecen miedos básicos del ser humano, entre ellos, el miedo a la muerte o a quedarse solo.

Aceptación: fase de adaptación al diagnóstico o al fallecimiento y su consecuente ausencia. Puede ir de la mano del espíritu de lucha o, por el contrario, de la resignación. Esto dependerá del sujeto. Es una etapa marcada por un fuerte cansancio emocional. Una vez pasada esta fase, se iniciaría la recuperación y el entendimiento de que, para bien o para mal, la vida continúa.

A pesar de que todo este proceso de duelo es doloroso, está demostrado que el ser humano puede superar acontecimientos que a priori podrían parecer insoportables. Prácticamente ningún hecho es lo suficientemente terrible como para que no se logre superar de uno u otro modo, eso sí, con esfuerzo y tiempo. Y es que la evidencia empírica afirma que en la gran mayoría de los casos se da una recuperación anímica tras la pérdida de un ser querido.

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