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Las personas que se permiten sentir son más fuertes que las que se dicen a sí mismas que pueden con todo

09/09/2020 · Otras especialidades

Beneficios de expresar nuestras emociones

¿Habéis oído hablar de la gestión emocional? ¿Y de la Inteligencia Emocional? Quizás sí, quizás no. Es cierto que son términos de los que se empieza a hablar algo más que hace unos años, pero todavía es bastante inusual recibir educación emocional, por eso llegamos a adultos sin demasiados recursos para hablar y gestionar nuestras emociones. Es más frecuente escuchar “No llores, no te enfades…” que “¿Por qué lloras? ¿Qué ha hecho que te sientas así?”, ¿verdad? Desde pequeños/as se nos insta a esconder, evitar y camuflar nuestras emociones.

En Adamia Psicología trabajamos mucho la gestión emocional con nuestrxs pacientes, y en nuestra iniciativa de impartir charlas a colegios e institutos es un tema que procuramos divulgar siempre. La gestión emocional implica identificar nuestras emociones para, a continuación, expresarlas (y liberarnos del peso que nos generan de ser emociones desagradables) y así poder volver nuevamente a nuestro estado de bienestar o mantenerlo si es una emoción agradable. Las emociones conectan a las personas y son nuestro medio de comunicación por excelencia.

¿Sabíais que existen un total de 42 emociones y 250 términos para referirnos a ellas? Eufórico/a, radiante, aterrorizado/a, turbado/a, culpable, amargado/a, desconcertado/a, aturdido/a, desesperado/a, deprimido/a, confuso/a, potente, vigoroso/a, furioso/a, exacerbado/a, enfadado/a, oprimido/a, vacío/a, inseguro/a… Y así hasta un total de 250 vocablos. Las emociones bien gestionadas son efímeras, duran un tiempecillo y se van, a diferencia del estado de ánimo que permanece más tiempo. A lo largo de un día podemos sentir muchas emociones pero identificarnos con un solo estado de ánimo (tranquilo, agitado, estable, alegre…). No existen emociones buenas y malas, ¡ni muchísimo menos! Todas las emociones conectan con una parte de nosotrxs y nos dan información sobre la situación que estamos viviendo y, solo si las escuchamos y atendemos, podremos adaptarnos a las experiencias.

¿Creéis que en nuestro lenguaje está instaurado el “yo me siento…”? ¿Creéis que les damos valor a nuestras emociones en las conversaciones con lxs demás?

Las respuestas son claras, NO. Estamos más preocupados por cómo se sienten lxs demás que por nuestro propio repertorio emocional. Y esto viene de que no estamos acostumbrados a atender a nuestras emociones, en seguida las lanzamos a un segundo plano para ver si molestan menos, pero con lo que nos encontramos es con que el malestar ha ido a más y la bola solo ha hecho crecer. Cuando una emoción no es atendida nos generará potencialmente más dolor y nos estaremos privando de aprender de ella y de conectar con nuestro entorno.

Erróneamente podemos pensar que es más fuerte aquel o aquella que resuelve sus problemas solo/a, que no pide ayuda… Cuando la realidad es que cuantos más recursos buscamos y cuanto más apoyo o ayuda pedimos, más fortaleza desarrollaremos. Y esto es lo que realmente nos convierte en personas emocionalmente fuertes. 

Podríamos decir que las personas que se permiten sentir son más fuertes que las que se hacen las duras o se dicen a sí mismas que pueden con todo (Anabel González, “Lo bueno de tener un mal día”). 

Y, ya para finalizar, os dejamos varias preguntas fáciles y difíciles a la vez: ¿podríais hablarnos de vuestra emoción predominante del día de hoy? ¿Y de qué la desencadenó? ¿Y a qué comportamiento os llevó? Ya solo con estas tres preguntas (diarias) estaréis contribuyendo a vuestro desarrollo emocional. 

¡Esperamos haberos ayudado!

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