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¿Cuántos tipos de hambre sentimos?

06/11/2019 · Trastornos de la conducta alimentaria

¿Alguna vez te has parado a pensar qué sientes cuando tienes hambre?

¿Sabes diferenciar si comes porque lo necesita tu cuerpo o porque lo necesita tu mente?

Muchas veces cuando nos alimentamos, tenemos muy desconectado nuestro cuerpo de nuestra mente y no atendemos a las señales de este. En el artículo de hoy de Adamia Psicología hablamos sobre los tipos de hambre que podemos sentir y de la influencia que tienen en nuestras conductas de comer.

En nuestra consulta de psicología en Vigo, cuando trabajamos con personas que tienen una mala relación con la comida, hacemos hincapié en empezar a ser conscientes de lo que nuestro cuerpo y nuestra mente necesitan. Estamos tan acostumbrados a unos hábitos de alimentación y a unas rutinas que muchas veces nos alejan de lo que realmente necesitamos. Tomar consciencia de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones y conductas nos permitirá empezar a mejorar nuestra relación con la comida y a disfrutar, además, de lo que estamos haciendo.

Jan Chozen Bays en su libro de Comer Atentos, recoge diferentes tipos de hambre que ha recopilado de sus talleres que llevan el mismo nombre que el libro. Estos tipos de hambre se perciben por las personas como sensaciones, pensamientos o emociones dentro de cada una. Los tipos de hambre que recoge son los siguientes:

¿Cuántos tipos de hambre sentimos? - Imagen 1

 

  • Hambre visual: o lo que es lo mismo, el comer con los ojos. La mirada puede convencer a la mente para que se olvide de otras señales de nuestro cuerpo que le indican que “estamos llen@s”. ¿Alguna vez has sentido hambre yendo a comprar comida o pasando por delante de anuncios publicitarios de comida?

  • Hambre olfativa: de la misma forma que los ojos pueden convencer a la mente, el olor a comida también puede conseguirlo. Este olor despierta en las personas un deseo de comer y si además, consideramos ese olor como algo que nos gusta, nos hará comer más. Si alguna vez te has quedado sin olfato por un catarro o por una operación de nariz… ¿te sabía igual la comida que en otras ocasiones?

  • Hambre bucal: consiste en el deseo de la boca de sensaciones placenteras, mediante diferentes sabores y texturas. ¿Alguna vez has comido un mismo alimento en diferentes texturas? ¿De qué manera satisfaces más tu hambre bucal?

  • Hambre estomacal: la sensación de que nuestro estómago haga ruido es molesta y, sobre todo, si nos encontramos en una situación comprometida como podría ser el trabajo o una clase. Sin embargo, esta señal de nuestro estómago está adaptada a nuestro horarios de comer, pero no tienen porqué indicar un “hambre real”. ¿Crees que te resultaría fácil esperar un poco entre que te suene el estómago y lleves a cabo la conducta de alimentarte? 

  • Hambre celular: si le hacemos caso al hambre celular estaremos haciéndole caso a las señales del cuerpo que nos indican cuándo comer y cuándo parar. ¿En ocasiones diferencias qué necesitan tus células? ¿Qué alimento te están pidiendo?

  • Hambre mental: puede basarse en pensamientos de bueno/malo, sano/insano… Estar constantemente pensando que “deberíamos” o “no deberíamos comer” puede hacernos sentir presionad@s. Cuando somos conscientes de lo que comemos sin dejarnos guiar por esos pensamientos absolutistas, satisfacemos a nuestro hambre mental; con tranquilidad y calma. Cuando vayas a alimentarte… ¿qué te dice la mente sobre ese alimento? ¿Te dejas guiar por ese pensamiento o eres consciente de tus otras sensaciones internas?

  • Hambre del corazón: los actos sociales y familiares relacionados con la alimentación generan en nosotros un recuerdo, generalmente agradable, que en ocasiones echamos en falta cuando estamos solos, aburridos, cuando termina una relación… y suplimos esas sensaciones con la comida, sin embargo, ese vacío tenemos que ser consciente de que no va a desaparecer. ¿Hay alimentos a los que recurres cuando te sientes triste?

Empezar a ser conscientes de nuestra forma de alimentarnos significa darnos cuenta de por qué comemos, cuándo lo hacemos, qué comemos y dónde lo hacemos. Reflexionar sobre las preguntas que he ido dejando, nos permite acercarnos poco a poco a nuestras sensaciones y a entender nuestras conductas, así como avanzar en la mejora de nuestra relación con la comida

Adamia Psicología
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